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El tesoro del orfebre de Coco Chanel | Estilo | EL PAÍS

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Fue el joyero de Coco Chanel en París en los años veinte; el joyero de las estrellas en el Hollywood de los años treinta y el joyero de la sociedad neoyorquina de los años cuarenta. “Viéndolo ahora, Fulco di Verdura estuvo en el lugar adecuado en el momento oportuno”, decían Ward y Nico Landrigan, padre e hijo y dueños de la empresa joyera Verdura desde 1985, en la presentación de la exposición The Power of Style: Verdura at 75 (El poder del estilo: Verdura a los 75), comisariada por Carolina Herrera, su marido Reinaldo y su hija Patricia, con la que reivindican y celebran el genio de este artista que revolucionó la joyería en el siglo XX.

Fue en los cuarenta el joyero de Hollywood y de la sociedad neoyorkina

La retrospectiva conmemora la apertura del primer salón de Verdura en Nueva York hace 75 años. El duque Fulco di Verdura lo inauguró, a pocos metros de donde está el showroom actual en la Quinta Avenida, el mismo día que estallaba la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, financiado y apoyado por su gran amigo el músico Cole Porter, su hada madrina, a quien conoció en Venecia en 1919 y seis años más tarde le presentaba a Coco Chanel, la mujer que cambió su vida. Nacido en una familia aristócrata de Palermo, Fulco di Verdura era entonces un joven con un gran talento creativo y mucha imaginación que no sabía dónde enfocar. Coco se lo llevó con ella a París como ayudante y acompañante de sus fiestas. Juntos, enseguida descubrieron que su creatividad debía desarrollarse en el mundo de la joyería. La mítica modista que había revolucionado la moda estaba cansada de las normas art déco en los complementos y Verdura rediseñó todo su joyero, desde sus collares de perlas a los broches. De ahí saltó a EE UU, donde se convirtió en el joyero de la corona americana.

Retrato tomado en 1935 de Coco Chanel 1935.

Casi cuatro años les ha costado a los Landrigan y al matrimonio Herrera reunir las 216 piezas originales diseñadas y creadas por Fulco di Verdura que se ven en la exposición, junto a algunos de los 10.000 bocetos que hizo, de los cuales un tercio aún nunca han pasado del papel. Muchas de esas piezas pertenecen hoy a famosas comoSofia Coppola, Sarah Jessica Parker,Brooke Shields o la propia Carolina Herrera. Algunas de esas dueñas han pedido que les dejaran usar sus joyas alguna noche mientras la exposición está cerrada al público. Así explicaba Ward Landrigan la exclusividad y valor de estas piezas que reside en su versatilidad.

Diseños que hace 60 años ya eran modernos, hoy siguen siéndolo. Como una de las piezas centrales de la exposición, las pulseras de Cruz de Malta que Fulco di Verdura le creó a Coco Chanel, inspirado en el arte bizantino de la basílica de Ravenna. Hoy uno de los diseños más reclamado por sus clientas.

“Fue el primero en usar piedras de color y oro cuando el platino y los diamantes eran lo único que producían las otras joyerías. A las que, de hecho, les costó mucho tiempo alcanzarle”, dijo Diana Vreeland, dueña de uno de esos broches bizantinos, y quien le presentó en la sociedad de Hollywood de los años cuarenta.

Hitchcock o Cukor se enamoraron en seguida de su imaginación y estilo y le encargaron a Verdura diseños para las actrices de sus películas. En la exposición se pueden ver el broche de topacio rosa que usó Joan Fontaine en Sospecha. O los moldes de los broches que creó para Katharine Hepburn en Vivir para gozar (1938). Y, además, el reloj pulsera que diseñó para Greta Garbo y ella jamás se quitaba. Un diseño eterno que Reinaldo Herrera regalaba a sus hijas al nacer sus nietas, contaba Patricia Herrera Lansing.

Inspirado por su origen mediterráneo, Verdura creaba sus diseños fijándose en la naturaleza, en el mar, en otras culturas y en la historia. La libertad con la que creaba sus diseños con cierto punto irónico y extravagante le llevó a colaborar con Salvador Dalí y juntos crearon una colección que se expuso en 1941 en Manhattan y hoy se ve por primera vez desde entonces en esta exposición.

 

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